Russbelt Guerra

Artista visual peruano

La relación de Russbelt Guerra con el dibujo comenzó desde muy temprana edad, en El Alto, Talara, en un paisaje marcado por los cerros desolados, el mar y la presencia de la actividad petrolera.

Su padre, José Guerra, profesor de Lengua y Literatura, recibía cuadernos y lápices que el niño utilizaba con absoluta libertad. Su madre, Sofía Carranza, aficionada a la lectura y la investigación, le enseñó a observar aquello que lo rodeaba. Entre ambos se fue formando, casi sin proponérselo, una manera particular de mirar el mundo.

Sus primeros dibujos nacieron de ese entorno: los pozos petroleros que formaban parte del paisaje, los burros silvestres, el olor del mar mezclado con la tierra y el petróleo, los pequeños oasis de vegetación que aparecían junto a los ríos, los nidos de golondrinas en enormes cuevas y los peces que llegaban desde el mar de Cabo Blanco. Paralelamente surgió su fascinación por el dibujo lineal y por inventar nuevos tipos de vehículos.

A los ocho años, un cambio familiar lo llevó a dejar aquel paisaje y trasladarse a la ciudad de Piura. La distancia produjo una ruptura, pero también un descubrimiento: el mundo que había dejado atrás continuaba viviendo dentro de él.

Desde entonces comenzó a dibujar de manera independiente, buscando una línea propia que le permitiera conservar aquella identidad y, al mismo tiempo, transformarla. En esa búsqueda temprana comenzó a aparecer el lenguaje que posteriormente definiría su obra.

Antes de terminar el colegio inició estudios particulares de arquitectura, siguiendo inicialmente el deseo de su padre. Sin embargo, la rigidez de la línea arquitectónica no respondía a la necesidad de libertad que encontraba en el dibujo. En 1994 decidió ingresar a la Escuela Superior de Bellas Artes Macedonio de la Torre, en Trujillo, donde ingresó con honores.

La experiencia significó un reencuentro con aquello que había quedado interrumpido durante su infancia. La escuela le proporcionó herramientas, conocimientos y nuevas experiencias, pero también un espacio para comprender que su búsqueda no consistía únicamente en encontrar una forma de pintar, sino en encontrar una manera propia de mirar y de expresar la experiencia de la vida.

Durante sus años de formación, y posteriormente a lo largo de su trayectoria, fue consolidando un lenguaje personal. La pintura se convirtió en un territorio donde las experiencias vividas, la contemplación, la imaginación, la naturaleza y el mundo interior podían encontrarse.

Al concluir sus estudios decidió dedicarse plenamente al arte.

En el transcurso de los años formó una familia junto a Leidy Alarcón, con quien tuvo tres hijos, Rodrigo, Adrián y Loana Kamil. La vida familiar, el paso del tiempo y las experiencias acumuladas fueron incorporándose naturalmente a su mirada. Hoy, con sus hijos ya mayores, encuentra nuevamente un espacio para profundizar en aquella búsqueda que comenzó en la infancia y que nunca ha dejado de evolucionar.

Actualmente trabaja cerca de Catacaos, Piura, en un entorno que le permite pintar con tranquilidad y distancia del ruido cotidiano. Allí continúa desarrollando una obra que nace de la contemplación interior y que encuentra en la esperanza y en la fe en Dios una fuente profunda de sentido.

Su búsqueda permanece abierta. Cada etapa de la vida transforma aquello que observa y, con ello, transforma también su manera de pintar.

Después de varias décadas, el niño que dibujaba libremente los paisajes de El Alto continúa buscando aquella primera línea; solo que ahora lleva consigo toda una vida para recorrerla.